sábado, 2 de junio de 2007

EL CABALLERO DE PARÍS


EL CABALLERO DE PARÍS
Cualquier turista de paseo por el barrio habanero de El Vedado, en la Ciudad de la Habana, a la altura del cruce de las calles 23 y J, se encontrará con esta estatua, que a primera vista podría pensarse que es del Quijote. Sin embargo, no es así.
Esta estatua tan quijotezca se le dedicó al loco más famoso y distinguido de la capital de Cuba: "El Caballero de París". Debo decir que entre ambos, existía un evidente parecido físico, así que las dos figuras legendarias, la literaria y la real, se funden en un mismo espíritu dentro de este amasijo de metal.
El Caballero de París era un loco que se creía un noble. Se pensaba rico, así que no podías tratarlo como a un indigente. Dicen que el gobierno revolucionario dio orden a todos los bares y restaurantes de la Habana, que le dieran de comer gratuitamente de todo lo que pidiera. Y dicen que incluso, se daba el lujo de invitar a comer a sus amigos.
Esta estatua, y este parquecito donde se encuentra enclavado, me trae muchos recuerdos. Subiendo por la calle J, se llega a la Universidad de la Habana, así que no hay que explicar que siendo la calle 23 la arteria principal y más concurrida de El Vedado, donde está la famosa heladería Coppelia, el cine Yara, el hotel Habana Libre, etc, los estudiantes universitarios pasáramos constantemente por este parquesito de 23 y J.
Recuerdo que una vez me senté con mi novia de entonces, a discutir allí por no sé qué asunto. Estábamos muy enojados, y en medio de la discusión, se nos acercó alguien interrumpiéndonos, y nos dijo en voz baja: "Chicos, ¿no quieren comprar maní? (maní es lo mismo que cacahuetes)
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ANOCHECER EN ANCÓN


ANOCHECER EN ANCÓN

Muere la tarde sobre la península de Áncón. El sol termina tragado por las olas, y tal vez entonces la playa se torna más romántica y solitaria. La mayoría de la gente se ha marchado ya, y sólo quedan algunos con transporte seguro, o esos que se encuentran hospedados en los hoteles de la playa.
Sea como sea, esta mezcla de cielo, nubes caprichosas y mar, resulta una auténtica maravilla. El mar a esas horas está a 25ºc, increíblemente caliente y agradable. También es posible encontrar peces acercándose a la orilla en busca de comida.
Alguna vez se me hizo tarde en la playa, y pude contemplar la puesta de sol, y los fotógrafos, casi todos, turistas a la caza de una buena foto. Vi a algunos, con modelos haciéndoles las típicas fotos de calendario. Yo me deleitaba simplemente con ese lujo de naturaleza, y luego, cuando la luz era ya casi una utopía, pedaleé mis 12 km de vuelta hasta Trinidad, cansado, pero contento.

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LA CALLE ALAMEDA

LA CALLE ALAMEDA
Esta es la calle Alameda, si mal no recuerdo. Es una calle trinitaria del casco histórico. El casco histórico lo identificamos fácilmente por el empedrado de sus calles. Nótese en la foto, un coche blanco de fabricación soviética, de la marca "moskovich", muy común en la isla. Nótese también el uniforme de las estudiantes de escuelas primarias en la isla, y también, que en Cuba existe población blanca. Lo digo porque algunos piensan que en Cuba la mayoría de la gente es negra y mulata, y no es así. El 51% de la población cubana es blanca. Eso sí, los blancos en Cuba, tienen la piel bastante castigada por el intenso sol del trópico, y por tanto, no son tan blancuzcos como de este lado del mundo.
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DE PASEO POR LA HABANA


La Habana es muy diferente a Trinidad. Es la capital de Cuba, la gran ciudad de la isla. Aún así nos encontramos rodando por sus avenidas, los coches antiguos que son ya un símbolo de la isla, mezclado con otros coches un poco más modernos. Esta foto está hecha en la avenida de Rancho Boyeros, que es una de las avenidas más importantes del municipio Plaza de la Revolución. Por cierto, si sigues esta avenida todo recto, llegas al aeropuerto, o por lo menos por aquí se va. Todos los que hemos volado de la isla, seguramente recordaremos especialmente esta avenida, y bueno, todos los habaneros en general.
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DE PASEO POR TRINIDAD

DE PASEO POR TRINIDAD

¿Cómo se llamaba esta calle? No lo sé. Creo que nunca lo supe. Sé perfectamente cuál es, y sé que la he caminado un millón de veces. En la esquina, frente al poste de madera que se ve en la foto, hay una bodega. Y si doblamos a mano izquierda, nos encontramos la Casa de la Trova. Si seguimos recto, nos tropezamos con la parte de detrás de la Casa de la Musica, y si seguimos caminando toda esa calle, llegamos al calvario, que en Trinidad de Cuba todos llaman: "Las Tres Cruces". Si caminamos la calle en el sentido contrario, es decir, en el mismo sentido en el que camina la chica de la imagen, llegamos a l parquecito que está frente a la Polivalente, que es una especie de restaurante, con tiendas, un bar con karaoke, a donde fui a cantar alguna vez.

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LA BOTELLA


LA BOTELLA
La botella en Cuba no es un recipiente de cristal, plástico u otro material afín, donde se guardan rones y refrescos. La botella es lo que los europeos llamamos autostop. Tener que viajar de este modo puede ser una verdadera odisea. Esperar que pase un transporte que te quiera llevar para donde tú vas, o que al menos te adelante un trozo de camino, es para volverse locos. Y si eres hombre, lo tienes peor, porque a las mujeres las paran más, por razones obvias. Eso sí, para las féminas, viajar de este modo, sobre todo si van solas, es un peligro tremendo. Una chica sola en medio de una carretera desierta, siempre es un peligro para ella, pues puede encontrarse con algún desalmado que intente aprovecharse de ella. Así que cuando una mujer ve que comienza a obscurecer, y ella sigue ahí sin conseguir que se la lleven, se pone de los nervios.
A mí me pasó una vez que dos compañeras de la universidad (bellísimas las dos, por cierto) me pidieron que las acompañara en un viaje en botella, de la Habana a Santi Spíritus. Yo nunca viajaba de ese modo, pero al final me convencieron, y me fui con ellas. Pero estando a unos 40 km de la Habana, ellas pararon un camión que se las llevó a las dos, y a mí me dejaron allí. Unos 20km más alante, me las volví a encontrar, en una gasolinera, y me dijeron que no pudieron hacer nada para que me llevaran, que el chofer arrancó y que no les hizo caso. Una de ellas ya había conseguido un coche que la llevaría a su ciudad, pero no quería dejar allí sola a su amiga, así que en cuanto me vio aparecer, se perdió de allí en su botella.
Nosotros dos seguimos intentando parar algún vehículo. Por fin paró uno, pero se la quiso llevar sólo a ella, y la chica, temerosa, se bajó de aquel coche unos 200 metros más allá. Regresó a donde yo estaba y terminamos cogiendo un camión, algo más grande que el de la foto. Estaba todo lleno de lodo, pero terminamos durmiendo en el suelo. Ella sobre mí, y yo, vigilando su sueño y su belleza surrealista en aquellas condiciones. LLegamos a Santi Spíritus después de haber recorrido unos 250 km. Allí curiosamente, me paró a mí, y no a ella, un coche de un oficial del ejército, que iba a una velocidad endiablada, pero que nos dejó sanos y salvos en nuestra ciudad natal.
Lo curioso es que ahora mismo, me encantaría volver a subirme en un camión de esos, sólo por volver a meter adrenalina en mis venas y sentir en mi cara la brisa húmeda de la isla, con ese olor a guarapo de caña tan dulzón.
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PLAYA ANCÓN


PLAYA ANCÓN
¿Dé qué me sirve que existan otras playas, si es esta la que tengo clavada en la memoria?
Así dijo un poeta, y repito yo frente a estas palmas y esta arena. Aquí vi el mar por primera vez. Aquí me lancé al mar por primera vez, y aquí tengo un millón de recuerdos mojados por estas olas. Aquí me siento en casa. Los fondos marinos de esta playa los conozco como la palma de mi mano, y cada trozo de playa despierta en mi memoria un recuerdo que me habita junto a todos mis fantasmas. Miro estas aguas y vuelvo a bañarme en ellas a pesar de la distancia.
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