domingo, 19 de abril de 2009

TRINIDAD DE NOCHE

TRINIDAD DE NOCHE

Cuando termina el día y el manto de penumbras lo envuelve todo, las ciudades adquieren otra fisonomía, otro esplendor, otra magia. No es lo mismo recorrer una ciudad con el sol y la luz inundándolo todo, que durante el tiempo en que la tarde se ha hecho historia y el astro rey, exhausto, hunde su barriga en el mar o en las montañas.

Así recuerdo hoy mi ciudad natal, Trinidad de Cuba, con su vida nocturna dedicada casi en exclusiva al turismo, a todos esos que desde cualquier rincón de este planeta con mayor o menor suerte, se aventuran a desandar sus empedradas calles.

Los centros nocturnos, restaurantes y demás, ofrecen al visitante sus mejores galas, tal vez sin sospechar que para el que nos visita, no hay nada más sugestivo que la vida misma de un pueblo que de alguna manera se sustrae de esas caras extrañas que se repiten siempre diferentes a lo largo de los años, pero que siempre del mismo modo, siguen representando el sustento económico y el toque distintivo de esta ciudad patrimonio de la humanidad y como no, dormida en el tiempo.

Dicen los brujos de la ciudad que cada de estas piedras tienen nombre y que fueron traídas de España en esos mismos barcos que regresaban luego a la madre patria cargados de oro y demás tesoros. Quién sabe si para los sabios africanos, aquellas rocas eran tan valiosas o más que el mismo oro que tanto codiciaba el hombre blanco.
En todo caso, camino en mi memoria por esas grandes piedras del centro de la calle. Llego hasta el parque del final de la imagen y allí me deleito con el olor de los jazmines y con el sonido de la música tradicional tocada con clave, guitarras, maracas, tumbadora y bongó.

Esas noches distintas a las noches del viejo mundo son las noches más mías, las que más se meten dentro y las que permanecen aún cuando el sol viene con su petulancia a decir que ya es la hora de sacarse de la chistera el nuevo día.

TADEO

4 comentarios:

naná dijo...

Tenés razón Tadeo, las calles del pueblo o las ciudades que llevamos dentro, tienen una magia especial, un encanto diferente por las noches, y en tu caso, como en el mío también, si volvemos por unos días, nos la queremos llevar para siempre a donde vayamos.
Un abrazo.
naná

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Querida Naná:
Sé que tú como yo, has dejado detrás tu pueblo natal y que estos textos te removerán muchos recuerdos.
Gracias por pasar y dejarme tu comentario, sobre todo en este blog que parece un páramo desierto, jejeje.
Besitos:
Tadeo

HBN dijo...

Excelentes crónicas sobre Trinidad, pueblo que tiene mucho que contar. Quizás esto le resulte familiar. El Valle de los Ingenios

JOSÉ TADEO TÁPANES ZERQUERA dijo...

Hola HBN:
Un placer tenerte por mi espacio. Claro que sí, el valle de los ingenios es un sitio precioso y muy nuestro. Le tengo un afecto especial. Un abrazo:
Tadeo